Fe Poderosa
Introducción:
Una visión
balanceada
Todo
creyente sabe lo que significa luchar con la fe. ¿Tengo suficiente confianza en
Dios? ¿Se hubiera sanado si yo hubiera confiado más en Dios? ¿No me ascendieron
porque me faltó fe? Si realmente confío en Dios, ¿por qué tengo estos
pensamientos inclementes? Si mi fe es firme, Si actúo con fe, ¿no tendrían que
aceptar a Cristo como su Salvador todas las personas a quienes testifico?
Tal vez el
apóstol Pablo se refería a este conflicto cuando usó la frase: «La buena
batalla de la fe» (1ª Timoteo 6.12). Para él, la batalla por la fe no estaba
limitada al ministerio. Aunque las iglesias pioneras de Asia deben haber tenido
muchos conflictos con la fe, la «buena batalla» de Pablo se refiere más a su
relación total con el Señor Jesús. Pablo admite que la fe ha sido una batalla,
una buena batalla, cuando en los últimos momentos de su vida escribió desde la
prisión, consciente de que podrían ejecutarlo en cualquier momento.
Quizá para
nosotros sea un paso gigantesco aceptar el hecho de que existe algo llamado
«buena batalla». La presente cultura no cree que haya mucho por lo que valga la
pena luchar. Sin embargo, sí lo hay: la fe.
¿Por qué
molestarse en luchar por la fe? ¿Por qué la batalla por la fe es una buena
batalla?
Porque:
•
Cualquier cosa que se haga sin fe nunca va a agradar a Dios ( Hebreos 11.6).
• La gracia
se alcanza sólo por fe (Efesios 2.8).
• Todos
poseemos la capacidad de tener fe (Romanos 12.3).
• La fe es
uno de los dones del Espíritu Santo (1ª Corintios 12.7–11).
• Nada es
imposible cuando se tiene fe, aunque sea tan pequeña como una semilla de
mostaza (Mateo 17.14–21).
La batalla
por la fe es una buena batalla.
La Biblia
es clara en su enseñanza acerca del poder de la fe. Sin embargo, muchos
creyentes están confundidos respecto a ella. Esta confusión se debe en parte al
papel que desempeñan los diferentes ministerios de «fe». Algunos ministran con
efectividad, mientras que otros parecen utilizar la fe de tal manera que hacen
al hombre amo de su destino, en vez de reconocer a Dios como el Señor Soberano.
Pero
aunque no existieran enseñanzas y maestros polémicos, aún habría lucha en el
campo de la fe. ¿Por qué? Porque, corriendo el riesgo de ser muy simplista, la
fe tiene un enemigo. En realidad nuestra fe tiene dos enemigos: Nosotros mismo
y Satanás.
Satanás
emplea muchas estratagemas en su ataque sobre nuestra vida. Pero tal vez le
sorprenda saber que el enfoque de su ataque está dirigido casi exclusivamente a
nuestra fe. Él sabe muy bien que si puede quitarle la efectividad a su fe,
usted será ineficaz. Quiere derrocar su fe (lea 2ª Timoteo 2.18).
Satanás no
será el causante de toda su lucha por la fe. Parte de ella será por su propia
«naturaleza» humana. La fe requiere oír, tomar decisiones, arrepentirse y
aprender. Estos son retos en los que no interviene el diablo. Como él sabe cuán
difícil puede ser la «buena batalla de la fe», procura influir con sus mentiras
en nosotros.
Se nos
puede engañar fácilmente, y como Satanás es ingenioso, resulta decisivo que
asimilemos la Palabra de Dios para el cultivo, crecimiento y evaluación de
nuestra fe. Nuestra fe se vivifica por medio de su Palabra (Romanos 10.17), y
con ella peleamos contra el enemigo (Efesios 6.17).
Durante
este estudio de la Palabra de Dios, nos haremos muchas preguntas importantes
sobre la fe:
• ¿Puedo
pedirle a Dios cualquier cosa, y mientras tenga la fe correcta, obtener lo que
pido? • Si creo, ¿puedo estar seguro de que mis hijos serán salvos? • ¿Puede
garantizarme la fe que no sufriré dolor o enfermedades? • ¿Existe alguna
posibilidad de que mi falta de fe provoque la ira de Dios?


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